TEIA 2012 / Leticia Pou





TEIA 2012: vivencias de la Cultura en movimiento – Leticia Pou

Llegué a Río de Janeiro para participar del Intercambio internacional que ofrece el Centro de Teatro del Oprimido. A través del CTO, Punto de Cultura de la ciudad carioca, fui invitada a compartir la Teia 2012 realizada en el Quilombo de Campinho, de la ciudad de Paraty.

En este relato repaso aquellos pensamientos, cuestionamientos y emociones que en mi se generaron como resultado de una experiencia enriquecedora en múltiples sentidos.

Siempre estamos juntos”

Siempre estamos juntos, apoyándonos unos a otros, porque sólo así vamos a tener fuerzas” dijo un joven de la comunidad Guaraní refiriéndose a sus compañeros Quilombolas.

Quizás ese sea el sentir que hoy más resuena en mí, luego de haber participado de la Teia 2012 en el Quilombo de Campinho. Como lo expresaron aquellas palabras, percibí la fortaleza de la unión que permite luchar para mantener vivas las identidades.

Vivencié un momento de encuentro. En cada instancia compartida, en cada canto, debate, danza, vislumbré diversidad. Esa diversidad – que no deja de sorprenderme también en las calles de Río de Janeiro- se conjugó en la unión. Percibí una confluencia de realidades basadas en el objetivo de que la cultura siga VIVA, que la cultura brasilera no sea sólo un proyecto finito del gobierno de turno, si no que sea un derecho de todo ser humano que habite el suelo brasilero.

Oí cuestionamientos a la burocracia, manifestaciones de necesidades diversas, búsqueda de legitimaciones postergadas, pero también experimenté la reconfirmación de valores, la lucha para profundizar derechos ya adquiridos. Todo resultó enriquecedor porque me permitió experimentar la militancia por la cultura desde adentro. Una militancia mediada por la alegría del juego, del canto, de la danza brasilera.

Brincar e trabalhar tempo tudo”

Conjugar tantas necesidades y ganas de crecer no debe ser tarea fácil. Cuando los tiempos empezaron a ser menores, cuando los relojes comenzaron a ser consultados en demasía por los organizadores, un puntero de Niteroi tomó el micrófono y dijo que la Teia era un espacio para jugar y trabajar todo el tiempo. Ambas acciones eran importantes.

Las palabras de ese militante sintetizaron lo que mi cuerpo y mi mente se estaba debatiendo…luego Marcela, mi compañera boliviano-argentina, completó la idea: “podemos pensar la cultura, haciendo cultura”.

Fue reconfortante encontrarme en un espacio en donde el diálogo fue mediado por el juego; donde la comunicación y el deseo de transformar se plasmaban en una canción, en un coro guaraní o en una ronda de zamba.

Como consecuencia de esa vivencia hoy me cuestiono: ¿cuánto tiempo de cultura perdemos con la burocracia, tanto estatal como de nuestros grupos de trabajo?; ¿cuánto tiempo de juego no disfrutamos con las discusiones que sólo buscan reafirmar nuestro ego profesional y hacen oídos sordos a nuestras problemáticas esenciales?

Me lo pregunto, en función de lo que escuché de algunos punteros en la Teia 2012, pero también como miembro de una Organización No Gubernamental que en Córdoba lidia día a día con estas cuestiones burocráticas. ¡Cuán difícil, aunque no imposible, es desechar lo abundante para ejercer la síntesis que recupera lo que realmente nos importa!

En este sentido, me llevo de la Teia una cálida y rítmica manera de enfrentar las problemáticas en un ámbito de discusión; me llevo ese “cómo”, útil para organizar un evento con cientos de personas fortaleciendo la pertenencia a un territorio diverso.

Creo que siempre es bueno seguir indagando en las maneras de enriquecer esa compensación exacta entre el jugar y el trabajar… ¡habrá que seguir andando!

Vamos a ampliar, gente!”

Y andando por la Teia 2012 una puntera manifestó que este momento -el de poder llevar adelante los Puntos de Cultura en Brasil- era un momento histórico, pero que era necesario también ampliar los logros conseguidos. Surgió así el debate sobre la caducidad de los contratos y las incertidumbres por un ciclo que, según algunos, llega a su fin.

De ese debate me llevo la convicción de aquellos punteros que rescataron la importancia de identificar a los Puntos de Cultura no como un proyecto, si no como una militancia constante, una manera de entender y hacer la cultura, como un derecho adquirido que no acaba.

Ese derecho adquirido, ese trabajo que muchos punteros defienden con pasión hace años, fue modelo para otros países, como por ejemplo Argentina. Por eso mi enorme gratitud por haber vivido tres días que me sirvieron para comprender porqué es necesaria la unidad para la transformación.

Sin ser parte de los Puntos de Cultura en Argentina, pero conociendo la campaña del “Pueblo hace Cultura en la provincia de Córdoba”, agradezco la fortaleza de los hacedores de este movimiento brasileiro, una de las tantas razones por las cuales colectivos culturales de mi país hoy están en la lucha.

Me llevo de la Teia muchas preguntas y potencialidades para pensar y pensarme en función de la Educación y la Cultura de manera colectiva en mi país. Me llevo la alegría de saberme latinoamericana, y sentir que nuestros problemas y necesidades, independientemente de las particularidades de cada región, tienen un origen semejante.

Estoy convencida, tal como lo manifestó una puntera en la Teia, que ninguna estadística (por mas necesaria que sea) da cuenta de la importancia de la Cultura de los Pueblos.

Rio de Janeiro, 31 de agosto de 2012



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