FRENTE, PROTESTO / Pablo de Soto


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EM FRENTE, PROTESTO
Lucha antinuclear en Japón desde Fukushima

Pablo de Soto

¡No tenemos trabajo, no tenemos dinero, pero tenemos radioactividad (indignación)!
¡Vamos a estar acampados hasta que paren todos los reactores nucleares en Japón!
¡Vamos a cambiar la política energética!
¡Reclama la vida, fin al capitalismo nuclear!

Proclamas antinucleares escuchadas en las calles de Tokio entre noviembre 2011 y febrero 2012.

La crisis nuclear originada a partir del accidente de múltiples reactores en la Central Nuclear de Fukushima -situada a apenas 200km del área metropolitana más poblada del planeta- ha producido un enorme conflicto social y político con ramificaciones globales.

La protesta antinuclear está caracterizada por 1/ ser una protesta en el campo reproductivo, liderada por las mujeres que se resisten a la naturalización de la catástrofe nuclear de la que ellas son las mas afectadas; 2/ ser en esencia, una demanda por una democracia más participativa donde, comenzando por el modelo energético, la población tenga una participación más directa de los asuntos fundamentales.

Desde las movilizaciones contra el tratado de seguridad con EEUU de finales de los años 60s no tenían lugar en Japón protestas multitudinarias. Antes de Fukushima el disenso no estaba socialmente aceptado e imperaba un estricto control social. Las movilizaciones, con distintas demandas y problemáticas nunca alcanzaban más de unas centenas de participantes.

La repolitización de la sociedad japonesa comenzó un mes después de la explosión de los reactores, cuando se convocó la primera manifestación para protestar contra la falta de información pública sobre la dimensión de la catástrofe. La indignación ciudadana creció a partir de la declaración de TEPCO -la compañía propietaria responsable de la Central Nuclear de Fukushima- en diciembre de 2011 de que el accidente ya estaba solucionado y al temor de la posibilidad de nuevos accidentes.

Aprendiendo y superando el estigma de finales de los años 60s, cuando una parte de los movimientos sociales implosionaron con violencia dentro de su seno y fueron la excusa para a una enorme represión policial, las formas de protesta actual están marcadas por ser radicalmente no violentas, al mismo tiempo que confrontan físicamente e ininterrumpidamente los centros de poder. La lógica operacional es de enjambre: los movimientos participantes establecen alianzas prácticas variables para intervenir sobre un punto de forma sostenida y desde múltiples direcciones.

De entre las innumerables marchas y acciones llevadas a cabo, Occupy Kasumigaseki y Acción frente a TEPCO han sido posiblemente las más simbólicas e incisivas. Occupy Kasumigaseki es una acampada de protesta frente al triple Ministerio de Industria, Comercio y Economía, el corazón administrativo de Japón en el distrito gubernamental de Tokio. El campamento comenzó el 11 de septiembre de 2011 como apoyo de tres jóvenes que se pusieron en huelga de hambre para demandar la paralización de las obras de un reactor en su ciudad. La demanda del campamento, que ya ha cumplido un año, es la paralización de todos los reactores del archipiélago. El grupo de ación Anti-TEPCO organiza acciones mensuales de protesta a modo de escrache frente a la sede central de la compañía en Tokio.

El climax del conflicto se alcanzó en junio cuando el gobierno decidió reactivar dos reactores nucleares en la prefectura de Fukui después de que en mayo todos los reactores del archipiélago se pararan por primera vez debido a las pruebas de seguridad a raíz del accidente de Fukushima. Esta decisión llevó a la multitud a intensificar las protestas y concentrarse frente a la oficina del gabinete del primer ministro en Tokio. La acción fue organizada por la Coalición Metropolitana contra las Nucleares, un enjambre de redes y organizaciones creado para cristalizar la lucha del movimiento antinuclear, y que llegó a alcanzar 200.000 personas el día 29 de junio. Ante el apagón informativo por los medios de comunicación corporativos y estatales, que afirmaban que se trataba de una protesta minoritaria, un grupo de periodistas independientes consiguieron alquilar un helicóptero para filmar desde el aire la magnitud de la movilización. Bautizaron la acción como “proyecto de grabar desde el cielo” (Heri kusatsu projecto) y es posiblemente la primera experiencia conocida de “helicóptero ciudadano” mediactivista.

Las concentraciones frente a la sede del primer ministro se han institucionalizado como “protestas de los viernes” y se han extendido frente a las sedes del gobierno y la industria nuclear en muchas otras ciudades del país. Los gritos “Saikado Hantai!” (¡Contra la reactivación!), “Kodomo o Mamoro!” (¡Protejamos a los niños!), “Genpatsu iranai!” (¡No queremos centrales nucleares!), “Genpatsu Hantai!” (¡Estamos contra la energía nuclear!) y “Genpatsu Hanzai” (¡La energía nuclear es criminal!) resuenan en toda la geografía del archipiélago. En unos de los corazones de la matrix industrial capitalista, la rebelión contra la mafia nuclear está en marcha.

Pablo de Soto es cofundador de hackitectura.net y doctorando en la ECO-UFRJ. Para más información y contexto sobre este artículo pueden visitar http://scoop.it/t/cartas-desde-fukushima



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